Cuando era niño mi mamá siempre me decía que habían cosas que NO se debían decir a las demás personas, por ejemplo me decía que nunca se debía mencionar algún defecto físico o preguntarle a otro niño acerca de sus padres (porque algunos podían no tenerlos cerca) o contar a los demás cosas de mi familia...
En fin, creo que lo que mi mamá buscaba era que no fuera indiscreto y que aprendiera a no herir los sentimientos de los demás con mis palabras.
Por otro lado, desde muy chico descubrí que las personas (especialmente los adultos) no tienen en cuenta estos aspectos y que en más de una ocasión sus palabras pueden dañar a los demás sin siquiera darse cuenta. A continuación algunos casos:
1. Cuando estaba en la primaria no era de los más altos de mi clase (por no decir que era de los más pequeños) y recuerdo claramente que la mamá de una compañera de clases siempre me molestaba y me decía cosas como: "Y tu, ¿Por qué no creces?... ¿La has visto a mi hijita? ¡está mucho más alta que tu! (me da risa cómo esas frases se quedan grabadas en la memoria de uno). Lo que esa señora no sabía es que por lo general las chicas se desarrollan antes que los chicos y que para cuando yo alcancé la pubertad ya era mucho más alto que su hija. Pero lo que no entendía en ese momento era la extraña necesidad de esa señora de mencionar siempre el hecho de que yo era bajito. ¿Acaso ayudaba en algo? pues no, porque yo era un niño y lógicamente me hacía sentir mal.
2. Siempre fui delgado y supongo que durante la universidad, por el estrés y esas cosas, estaba más delgado de lo que se considera normal, entonces recuerdo que cuando estudiaba inglés en uno de los primeros ciclos, tenía como compañera de clases a una doctora algo mayorcita (pucha, ¿por qué siempre son señoras?) que por alguna estúpida razón siempre se veía en la necesidad de mencionar el hecho de que yo estaba demasiado delgado y de que aparentemente eso era algo muy preocupante. En realidad al principio la ignoraba porque yo era consciente de mi figura,; pero llegó un momento en que era tanta su insistencia que empecé a sentirme acomplejado e incómodo con mi apariencia. Ahora me doy cuenta de que yo debí decirle que sus comentarios (los cuales siempre eran muy públicos y abiertamente ofensivos) me afectaban y que dejara de hacerlo; sin embargo nunca me atreví a decírselo.
3. En cierto periodo de mi vida (prefiero no mencionar específicamente en cual) tuve una compañera de clases que tenía la pésima costumbre de siempre criticar y juzgar a los demás, por ejemplo recuerdo que siempre me daba sus "comentarios" acerca de mi comportamiento o de la forma como me desenvolvía en clase, recuerdo que al principio (yo siempre tan despistado) no me daba cuenta de lo ofensiva que podía llegar a ser; pero con el tiempo llegué a hastiarme de sus críticas y me alejé de ella (lo que yo consideraba que era lo más saludable); sin embargo ella lo tomó a mal, como si yo fuera el malo de la película por alejarme de ella y empezar a ignorarla; entonces sus críticas contra mí continuaron. Una vez más mi error fue el nunca hacerle saber que me sentía incómodo.
Hoy he aprendido que es horrible hacer lo que todas esas personas me hicieron y que si te das cuenta de que las palabras de alguien te destruyen, debes hacer algo para que se detenga (sin devolverle la agresión, claro está).
Si algo les tengo que decir a esas personas, es que les agradezco por haber sido tan desgraciadas conmigo, porque me enseñaron a endurecer un poco mi carácter, a nunca juzgar ni criticar a los demás y lo más importante: que a palabras destructivas, oídos indiferentes.
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